Dulces Yucatecos.
En Yucatán, al hablar de dulces tenemos que hacer tres
grandes distinciones: la dulcería tradicional, los dulces de almíbar y los de
melado. Hemos dicho ya que el azúcar fue una aportación de los españoles; hemos
también observado la importancia y el impulso que las monjas del convento de
Nuestra Señora de la Consolación dieron al arte de la panificación y la
repostería. Pero es necesario detenernos en este último punto: en el año de
1867, las monjas fueron exclaustradas y el convento clausurado en medio de
airadas protestas de la sociedad. Al salir al mundo, monjas como sor Epifanía
Sierra, hermana de don Justo Sierra, sor Catalina Peón, sor Soledad Muñoz y la
Reverenda Juana María Domínguez, que vivió hasta finales del siglo XIX, se
ganaron la vida como reposteras, haciendo público lo que antes quedaba
prácticamente dentro del convento y sus allegados. Decir monjas concepcionistas
es decir la Colonia, sin embargo, a finales del siglo XIX aparecieron en el
mapa gastronómico yucateco los dulces afrancesados: los bombones, que se
fabricaban con una impresionante variedad, los brioches, los dedos de almendra,
las lenguas de gato, los cubos de almendra o de nuez, los rellenos o cubiertos
de crema chantilly o de crema “pastelera”, etcétera.
La Dulcería Colón, a
principios del siglo XX, hizo preciadas aportaciones que hasta hoy nos
cautivan. Los dulces yucatecos tradicionales que provienen del tiempo de la
Colonia pueden estar representados con esta muestra: mazapán de almendras,
mazapán de semilla de calabaza, bolas de huevo, zapotitos, alfeñiques -que hoy
suelen aparecer en los festejos de las primeras comuniones, pero que antes eran
muy frecuentes-, bizcotelas y roscas nevadas, dulces de anís, dulce de coco
seco, el cual en su elaboración daba lugar a la deliciosa “leche de coco”, coco
negro melcochado, que hoy apenas si se puede encontrar en el centro de
Campeche; dulces secos de pepita de calabaza o de cacahuate, el ponte duro, las
pastas de guayaba y de guanábana, los pastelitos rellenos de cidra, de camote o
de lomo de cerdo, entre otros.
De los dulces de almíbar se pueden mencionar: los de cidra,
de cidrón, de corteza de naranja, de corteza de limón -que solía rellenarse de
pasta de almendras-, de calabaza de Castilla, de calabaza común, de melocotón,
de grosella, de ciricote, de papaya madura y de papaya verde, de nancen, de
ciruela, de marañón, de piña, de guanábana, de cocoyol, de icaco y de
tamarindo, entre otros.
Los dulces de melado son los que se elaboran con el
“guarapo” o “melaza” que es el jugo de
la caña dulce que queda tras la cristalización del azúcar. El más conocido de
estos dulces es la calabaza melada, pero también se solía hacer de coco o de
piña. Un dulce típico de los tiempos de la Colonia es “las torrijas” -nombre
que, según cuenta la leyenda, proviene de una familia de origen andaluz
creadora del dulce- que posteriormente fue conocido como “Las Torrejas”, que se
hace con pan de leche, vino, almíbar, almendras, canela y pasitas que, sin
embargo, fue abdicando de la riqueza de sus ingredientes hasta llegar a
conformar lo que hoy conocemos, por compresibles razones, como “Caballeros
Pobres.”has clic aqui...
PREZII


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